Quickribbon IMPACTO DE DIOS: EL ENTORNO EN QUE SE CELEBRÓ LA ULTIMA CENA:
PROCLAMANDO EL MENSAJE DE SALVACION HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA..!!!

EL ENTORNO EN QUE SE CELEBRÓ LA ULTIMA CENA:

El menú diario de la comida oriental era por lo regular sencillo, pero para las ocasiones especiales se servía una mucho mejor y más costosa comida. La Escritura abunda en relatos de estas ocasiones formales, tales como casamientos, cumpleaños, y otras ocasiones cuando huéspedes distinguidos son invitados y se sirve una comida magnífica.


INVITACIONES PARA BANQUETES
Era común hacer invitaciones dobles para una celebración. Primero, mucho antes de celebrar la fiesta (semanas o incluso meses), se hace llegar una invitación; y luego, cuando la fecha está cerca, se envía un sirviente para indicar que todo está listo. Las fiestas y celebraciones en la antigüedad, llegaban a durar hasta varios días, incluso entre gente humilde.

Hay algunos ejemplos de esta costumbre en la Biblia. El rey Asuero y Amán fueron invitados por Esther a una fiesta, y cuando todo estuvo preparado, los mayordomos del rey fueron a traer a Amán (Esther 5:8; 6:14). Otro ejemplo tenemos en la parábola del casamiento del hijo del rey: "El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas para su hijo, y envió sus siervos para que llamasen a los llamados a las bodas" (Mat. 22:2, 3) También parábola de la gran cena tiene esta doble invitación: "Un hombre hizo una grande cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que está todo preparado" (Luc. 14:16, 17).

SE OBLIGA A LOS HUESPEDES A VENIR
Las palabras de Cristo, deben entenderse desde un punto vista oriental, cuando se refiere

a la parábola: "Y dijo el señor a su siervo: Ve por los caminos y por los vallados y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa" (Lc. 14:23). Una breve y concisa invitación estilo occidentaly la pronta aceptación de ella se consideraría en Oriente, como poco digna.

En Oriente el invitado no debe aceptar de inmediato, sino que se espera de él que rechace la invitación. Deben urgirle a que acepte, aunque él desde el principio haya pensado aceptar, debe conceder a la persona que lo invita privilegio de que "le convenza a aceptar". Fue así seguramente Lidia como debe haber hecho, y Pablo y sus compañeros deben haber aceptado la invitación de su hospitalidad. "Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y nos obligó a quedarnos” (Hch. 16:15).

Cuando uno de los fariseos invitó a Jesús a su casa a comer, el Salvador no aceptó de inmediato la invitación, aunque finalmente fue: "Y le rogó uno de los fariseos, que comiese con él" (Lc 7:36). Si bien, en las palabras utilizadas por el fariseo (en su origen griego, erotao, “pedir de igual a igual”) denotan desprecio hacia la persona de Cristo, él aceptó. Todo esto era guardar las costumbres orientales

¿POR QUÉ LA EXCLUSION DE UNA FIESTA ERA CONSIDERADA COSA TERRIBLE?
Cuando el Rey hacía banquete y rechazaban la invitación real, bien parecía no solo señal de desprecio sino de una especie de complot, de ponerse todos juntos de acuerdo para inferir una ofensa al Rey. Cuando el rey estaba por ser derrocado, evitaban aceptar sus invitaciones al banquete para no mezclarse en conflictos con el sucesor.

Los banquetes antiguos se celebraban por lo regular por las noches, y los edificios en los cuales se celebraba la fiesta, estaban completamente iluminados. Existía un gran entonces, entre estar dentro y fuera de la fiesta y a cualquier persona a quien se excluía de la fiesta, se decía de ella
"que había sido arrojada de la luz a las tinieblas de afuera" en la noche.

En las enseñanzas de Jesús, tal expresión venía a ser semejante al día del juicio. "Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera" (Mt. 8:12) - "Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera" (Mt. 22:13). "Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mt. 25:30).

POSTURA AL COMER EN LAS FIESTAS
Invitados, sentados a la mesa (triclinio) disfrutando de los alimentos

Como ya hemos observado, en ocasiones ordinarias la gente de los tiempos bíblicos se sentaba o se agachaba en el suelo en derredor de una mesa baja a la hora de la comida. En círculos reales o en ceremonias especiales, se proveía de asiento a los comensales algunas veces.

El profeta Amós fue el primer escritor sagrado que se refirió a la costumbre de tenderse "sobre sus lechos", al comer (Amós 6:4). Para el tiempo de Cristo, ya la costumbre romana de reclinarse sobre las butacas a la hora de la cena había sido aceptada en algunos círculos judíos.

A la mesa romana y los canapés combinados, se les llamó triclinios. Había tres canapés que eran colocados a los lados de un cuadro; el cuarto lado quedaba abierto, que la servidumbre pudiera entrar a atender a los comensales, posición del huésped era reclinando la parte superior del cuerpo descansando sobre el brazo izquierdo, con la cabeza levantada, y almohadón a la espalda, y la parte inferior del huésped tendiendo hacia afuera. La cabeza del segundo huésped quedaba opuesta pecho del primer huésped, de manera que si él deseaba hablarle secreto sólo tenía que inclinarse sobre su pecho.

Esta costumbre en la mesa del banquete, arroja luz sobre tos pasajes de los cuatro

Evangelios. En una ocasión el apóstol hizo una pregunta a Jesús cuando estaban en esta posición en cena. (Jn. 13:23-25). También la posición de reclinarse en la mesa indica cómo las mujeres podían venir y lavar durante la comida los pies de Jesús (Lc. 7:38).

LUGARES DE HONOR EN LA MESA
Cuando los fariseos eran invitados a un banquete, siempre codiciaban los lugares de más alta distinción en la mesa. Jesús les condenaba por su orgullo. Refiriéndose a ellos dijo: "Que. . . aman los primeros asientos en las cenas" (Mt. 23:6). Cuando Jesús fue huésped en la comida del fariseo, dijo a los demás huéspedes una parábola, al notar cómo los fariseos buscaban los mejores lugares mesa.

La Biblia en lenguaje sencillo dice (Lc 14:8-10): 8 "Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el mejor lugar. Porque si llega alguien más importante que tú, 9 el que te invitó te dirá: "Dale tu puesto a este otro invitado". Eso sería muy vergonzoso para ti, y tendrías que sentarte en el último lugar. 10 "Por eso, cuando alguien te invite, busca el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: "Amigo, ven siéntate aquí; este lugar es mejor". De esa manera, recibirás honores delante de los demás invitados.

MOJAR EN EL PLATO Y DAR LA SOPA
Debemos guardar en la mente la costumbre del comer oriental para poder entender el significado de las palabras y hechos de Jesús con relación a Judas Iscariote durante la Última

Cena. En la narración de Marcos se lee: " Jesús les dijo: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse y a decirle cada uno de por sí: ¿Seré yo? y otro, ¿Seré yo? Y él respondiendo les dijo: Es uno de los doce que moja conmigo en el plato" (Mr. 14:18-20).

Ya que el grupo probablemente comía en un mismo plato, según la costumbre, esta declaración no identifica al traidor, sino que pone énfasis en la indecible bajeza de la traición, por producirse entre compañeros íntimos. Al notar Judas que su silencio era sospechoso, él también preguntó ¿Soy yo Maestro? Esta declaración hecha por Cristo, parece no haber sido tomada muy en cuenta por las circunstancias de la cena y el bullicio de la conversación. Al salir luego Judas, ninguno sabía que Satanás lo impulsaba a llevar de inmediato a la práctica su conspiración ( Jn. 13:27-30).

Comer juntos, y especialmente participar en común del contenido de un plato era señal de cálida amistad. A la luz de esta costumbre, la premeditada traición de Judas aparece aún más infame. Las palabras de Jesús "el que moja conmigo en el plato" no identificaba a ninguno de ellos; todos ellos al igual que Jesús, habían estado mojando la sopa en el plato con él. Jesús sólo les informaba que uno de ellos que comía con El vendría a ser el traidor.

Cristo, al dar la sopa a Judas, lo hacía con cierta costumbre oriental que aún se observa en los tiempos modernos. Juan reporta el hecho en la forma siguiente: "El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? Respondió Jesús Aquel es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote" (Jn. 13:25, 26).

¿Qué se da a entender por "la sopa"? Es la migaja más sabrosa del pan que se sirve en una fiesta. Puede servirse en la "cuchara de pan", pero más frecuentemente lo toma él del plato con su pulgar y otro dedo, dándole directamente a uno de los huéspedes.

Pero ¿por qué se da la sopa a uno de los huéspedes? Un nativo residente en las tierras bíblicas dice que ciertos pueblos allá tienen la costumbre de dar la sopa en la actualidad, y describe el acto de manera siguiente:

“Para ellos es una muestra de especial respeto que el dueño de fiesta dé a los huéspedes algunas porciones de lo que tiene delante o insiste en poner bocados o sopas en sus bocas con su propia mano. Esto lo han hecho conmigo en varias ocasiones, cuando ciertamente intención era honrar y manifestar buena voluntad. Es pues dar el bocado, una prenda especial de afecto".

El significado de lo que Cristo hizo entonces era ciertamente tender su mano y amistad al mismo que iba a traicionarlo.

Aceptar el pan, sin aceptar el amor suplicante que lo acompañaba era señal de que Judas endurecía su corazón para cumplir con su compromiso de entregar a traición al Señor. Había sido descubierto por el Señor, fue un momento en el que sólo él y el Señor comprendían el suceso. Eso le irritó y Santanas, desde ese momento lo dominó por completo. Según parece, Judas ocupaba el sitio opuesto al de Juan. Los demás discípulos no relacionaron la orden de Jesús despidiendo a Judas con la traición. Como Judas era el tesorero del grupo, supusieron que lo enviaba a comprar cosas necesarias para la fiesta o a dar algo a los pobres



EVANGELISTA DANIEL SANTILLAN



“Necesitamos hombres ardiendo al rojo vivo, que irradien el fuego con tan intenso calor; que no podamos siquiera acercarnos sin sentir que nuestros corazones se están quemando; hombres como relámpagos lanzados de la misma mano de Jehová, despedazando estrepitosamente cada cosa que se opone en su camino, hasta que lleguen a su blanco : Hombres impulsados por la Omnipotencia ! ”Charles H. Spurgeon (1834-1892)

EL JUICIO EN EL GRAN TRONO BLANCO

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